Crónica de un viaje: explorando Polonia – Parte I: Preámbulo y Varsovia.

Esta crónica es un resumen del cuaderno de viaje redactado por mi chico y yo. También añado información que pueda ser de utilidad para futuros viajeros.

Preámbulo

10 de agosto de 2010, aeropuerto de Barajas, Madrid. Son las 20:00. Siempre que abandono Madrid, un extraño sentimiento de pertenencia me recorre el cuerpo y, con la posibilidad presente de no poder volver a pisar mi ciudad natal y de no volver a ver a las personas a las que quiero, hago una despedida en mi mente en el momento del despegue a esta ciudad que tanto significa para mí. Reconozco que me da miedo volar y lo paso especialmente mal en los despegues pero, sin embargo, esta ocasión fue distinta a todas las anteriores. No sentí sensación de ahogo ni taquicardia. Como bien sabemos los psicólogos, ante las fobias, exposición, y parece que ha dado resultado a lo largo de este tiempo. Un viaje tranquilo y animado con la comida ofrecida por Lufthansa. Nuestro destino: Milán Malpensa, aeropuerto donde haríamos una escala para volar posteriormente a Varsovia. En el avión, el sobrecargo llamado Luigi, creo que hizo las delicias de todas las féminas allí presentes cada vez que se paseaba por el pasillo. Son las 22:30, y ya hemos llegado a esta ciudad que el destino me ha hecho verla ya en tres ocasiones.

Nuestro próximo vuelo, hacia Varsovia, salía a las 6:25, por lo que nos tocaría pasar la noche en el aeropuerto. Tras un pequeño incidente con las mochilas, salimos de la zona de llegadas y nos dirigimos hacia la zona de espera de la terminal 1. No teníamos intención de dormir, y lo cierto es que el ambiente no lo pone sencillo. Unos chicos, aparentemente rumanos, no paraban de armar escándalo a nuestro lado, hasta que un padre les llama la atención y comienzan a dormir como benditos. Fue curioso pasear por la terminal y observar vuelos hacia sitios que no sé si llegaré a conocer alguna vez en mi vida: Dakar, Trípoli, Tel Aviv… lugares que no eran los típicos que uno suele ver en el tablón de salidas. Tenía sueño, mucho sueño. Tanto era así, que intento dormir en esos incómodos asientos con reposabrazos rígidos, adoptando formas que pensaba que mi cuerpo no podía adoptar. Nos dan las 4:00 y no consigo dormir, pero una sensación de tremenda pesadez me invade. Decidimos dar una vuelta para despejarnos, pero mis piernas son como dos losas de piedra. Andamos y vemos muchísimos viajeros de rasgos árabes que están en el mostrador de una compañía que se dirigía a El Cairo. Deseé estar algún día en esa cola para viajar a esa ciudad. Un café y un desayuno rápido y nos dirigimos a la zona de control sobre las 5:30. Ya dentro, donde en la puerta de embarque, no puedo más y caigo rendida en esos incómodos asientos. Duermo 30 minutos y me despierta la necesidad de visitar el aseo. Con la modorra, entro en el aseo y me comento a mí misma: “Anda, qué extraños los italianos… mira que poner urinarios de pared en los baños de mujeres…“. En ese momento, tomo conciencia y descubro que estoy en el aseo de hombres. Me doy la vuelta, y un chaval de unos 25 años me mira entre extrañado y asustado, como si fuera un extraterrestre. Le pido disculpas, avergonzada. Entro ya en el aseo de mujeres, pero la modorra me vuelve a jugar una mala pasada y no echo el pestillo. Una niña de unos 8 años me abre la puerta. Ella grita. Yo también, aunque más por acto reflejo que porque me diera vergüenza. Claramente, necesitaba dormir.

Mejor sitio para dormir en la terminal 1 de Milán-Malpensa

Sin duda, la zona de restauración donde hay un Mc Donald’s. Las butacas acolchadas están fuera del establecimiento y uno puede tumbarse cómodamente en ellas. Vimos a varias personas que dormían plácidamente allí. Lástima que nosotros las descubrimos tarde, porque esos asientos con los reposabrazos rígidos son lo peor que ha creado el ser humano.

Ya en el avión, nos esperaban casi 3 horas de vuelo hasta Varsovia. Caigo rendida en el asiento, despertándome únicamente para disfrutar del desayuno. Recuerdo poco o nada de ese vuelo, salvo el momento en que desperté al lado de un charco de mi propia saliva, con la boca seca y absolutamente helada de frío. Ya estábamos en suelo polaco y una sensación de extraña familiaridad me invadió. De hecho, esa sensación duró toda la estancia en Polonia, una sensación que nunca había tenido en un país extranjero. Pero sí, en Polonia me sentí como en casa.

Hacia Varsovia

Descubriendo Varsovia en un día

Tras hacer el oportuno cambio de divisa (y con la correspondiente clavada en el aeropuerto: 20€ y nos dieron 66Zl… casi 4€ perdidos) compramos un ticket de autobús para llegar al centro de la ciudad, concretamente a la parada llamada Politechnika. ¿2,80 Zl un ticket de autobús? eso son aproximadamente 0,70€. Cogemos el bus de la línea 188, tras tener una interacción con el que no muy agradable conductor. El bus vibra. Vibra muchísimo. La vibración, junto con el exceso de calor, hacen que inevitablemente me maree como hacía muchísimos años no me mareaba en un transporte público. Tanto es así que, cuando llegamos a Politechnika, apenas me puedo mover y, al bajar, me postro en el césped de la calle, como si hubiera caído k.o. por un puñetazo. 20 minutos más tarde y con mosquitos intentando chuparme la sangre, me recupero y emprendemos la marcha hacia el hotel. 45 minutos más tarde, llegamos a pie al sitio. Me impresionó el sitio en que estaba ubicado: era una distribución que nunca había visto y un tipo de arquitectura y decoración de otra época. Parecía que me había teletransportado 60 años atrás a esa España pre-europea, pero los modernos rascacielos mezclados con esa estampa tan precaria me hicieron reubicarme, otra vez, en el 2010. En el hotel, caemos rendidos y dormimos durante 3 dulces horas.

Casas de cambio

Nosotros íbamos sin dinero cambiado, así que nos tocó cambiar en el aeropuerto, con la clavada añadida de 4€. Si puedes, evítalo y lleva un poco de dinero cambiado desde España para comprar el ticket de autobús, si no quieres llevar todo el dinero cambiado desde España. En Polonia, las casas de cambio se llaman Kantor, y es recomendable comparar varias antes de entrar definitivamente en una. En las tablas de cambio, la columna donde pone “kup” es la columna donde pone el precio al que compran la divisa, mientras que la columna donde pone “spr” es a la que la venden. Como regla general, 1 Euro equivale a 4 Zlotys. Recuerda, la moneda polaca se llama Zloty (pronunciado algo así como “suoti“, no “esloti“) y las fracciones se llaman Grozny, monedas bastante poco manejables por lo pequeñas que son. Recuerda también que en las casas de cambio no te cambiarán monedas, sólo billetes, así que liquida las monedas lo primero y conserva los billetes si te sobra dinero.

3 de la tarde. Por algún extraño motivo (si uno mira un mapa-mundi, luego se entiende por qué), parece que son las 17:00. Comemos algo y descubrimos una gasolinera cercana que vende pan recién hecho. Ya tenemos material para la cena. Salimos a la calle y el contraste del que había sido protagonista anteriormente se acentúa al ver el ambiente con la mente más despejada. Paseamos y nos llama la atención todo: el pavimento, las casas, las aceras, los tranvías, las tiendas, la gente. Todo era viejo y pobre, pero a la vez, era muy bonito verlo, y ese contraste tan fuerte entre el antiguo mundo comunista y el actual mundo capitalista impresionaba mucho. Tras un largo paseo por la zona del casco antiguo, el atardecer nos sorprendió a las 20:00. Poco a poco, después de ver los edificios más emblemáticos de Varsovia (casa de la cultura, plaza de ayuntamiento, la ópera, etc.) nos fuimos andando hacia el hotel, y la noche nos atrapó a eso de las 20:45. “Qué pronto“, pensé. Anduvimos largo camino sin apenas luz por la calle pero, fue curioso: nunca me había sentido tan segura en una ciudad extranjera. En esas mismas condiciones, me sentí muchísimo más insegura en París que en Varsovia. No sabría responder por qué, pero la atmósfera transmitía calma y seguridad.

Al llegar al hotel, cenamos y dormimos varias horas, ya que al día siguiente teníamos que viajar hacia Cracovia. Nuestro tren salía a las 10:30 hacia esa ciudad donde pasaríamos casi 4 días. Varsovia me decepcionó y me gustó a la vez. Me la imaginaba más grandiosa, pero no era consciente del daño que sufrió tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, presenciar ese contraste fue espectacular.

¿Y qué tal los idiomas?

El polaco es un idioma excesivamente difícil para los españoles, al no tener muchos de sus fonemas en el castellano. De hecho, una construcción tan aparentemente sencilla como decir “buenos días” en polaco (pronunciado algo así como “señi drobi“) puede ser una auténtica odisea y, al mínimo fallo, probablemente estés diciendo alguna barbaridad. La juventud habla inglés con bastante fluidez, no así los mayores, que suelen hablar muchos idiomas (polaco y ruso como mínimo, y otros también hablan checo, eslovaco, rumano…) pero no el inglés.

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