Crónica de un viaje: explorando Polonia – Parte II: Cracovia y Minas de Wieliczka.

Esta crónica es un resumen del cuaderno de viaje redactado por mi chico y yo. También añado información que pueda ser de utilidad para futuros viajeros.

Cracovia

12 de agosto de 2010, estación principal de Cracovia (Krakow Glowny). Por fin hemos llegado a Cracovia, después de vivir el viaje más agustiante que he vivido en años. El calor, la vibración y el hacinamiento estaban servidos en ese tren. De hecho, mi chico acabó huyendo del sopor que nos invadió a todos los allí presentes. Nunca entenderé qué función tienen esos “reposacabezas” rígidos que te obligan a agachar la cabeza, como si uno llevara un yugo al cuello. Las primeras horas por Cracovia fueron bastante erráticas: no sabíamos cómo llegar al hotel porque no entendíamos el sistema de tranvías. Estuvimos casi cuatro horas andando de un lado a otro hasta que, por fin, comprendimos el funcionamiento de este transporte que, junto con el autobús, son los que dominan esta ciudad. También tuvimos serios problemas para poder comprar el nocturno Cracovia-Praga, sobre todo en lo relativo al precio, que contábamos con un precio menor del que luego resultó ser.

Interregio en el que fuimos desde Varsovia a Cracovia.

Estación principal de Cracovia.

El baño de la estación

Este baño es de pago. 2 Zl por usar cabina y 1,5 Zl para el urinario de pared. No recomiendo bajar a esas profundidades infectas (y si no queda más remedio, contened el aire y no pensarlo). El que está un poco mejor es el que está al lado de una cafetería, pero el que está en el andén… mejor ni asomarse. Si nos quejamos del aspecto de los baños de los anuncios de lejia, los del andén ya se pueden intentar limpiar con uranio que seguirá quedando costra.

Casas de cambio

No cambies en el kantor de la estación. Hay un kantor muy bueno muy cerca de la estación, justo al salir por la puerta principal, tirando por la izquierda y atravesando un puente, al lado del Hotel Europa hay una casa de cambio (que también vende monedas para numismática) donde el cambio es más justo (cambiamos 20€ y nos dieron casi 80 Zl).

Billetes y monedas polacas.

El precio del nocturno Cracovia-Praga

Al contrario de la información que yo encontré en Internet (35€ en asiento), este nocturno en litera cuesta 90€ aproximadamente (no recuerdo el pico), mientras que en asiento (en un compartimento de menos de 2 metros cuadrados con ocho butacas) 60,20€. Nosotros cogimos asiento y, si quieres dormir, no es buena idea. La reserva de asiento cuesta 7€.

El sistema de tranvías de Cracovia

Lo primero de todo, hay que comprar los billetes. La venta de billetes de tranvía suele realizarse en cajeros automáticos ubicados en las paradas de tranvía más céntricas. También hay cajeros en los tranvías más modernos. En caso de ausencia de cajero, sobre todo en las afueras de Cracovia, suele haber un kiosco cercano a la parada, donde se puede comprar tranquilamente. Hay diversos tipos de billete: los normales y, los llamados en castellano según su traducción, “con descuento gubernamental“. Nosotros al principio cogimos uno normal, pero luego descubrimos (al haber comprado el billete en un kiosco y preguntándonos la dependienta si éramos estudiantes) que lo del “descuento gubernamental” se aplica a estudiantes (y supongo que para jubilados o personas que perciben bajos ingresos). Los billetes sencillos con el “descuento gubernalmental” cuestan 1,25 Zl (0,30€) y los billetes que duran 24 horas, 5,20 Zl (1,4€ aproximadamente). Los billetes normales no recuerdo cuánto costaban, pero eran aproximadamente el doble. Si se compran en un kiosco, con enseñar la tarjeta de estudiante internacional (la ISIC) es suficiente; en el cajero, no hace falta acreditar nada. Sobre los revisores, nosotros no vimos ni uno solo. Colarse en el tranvía es muy fácil (de hecho, los propios polacos lo hacen) porque lo único que hay que hacer es subirse y sentarse, el conductor no controla nada. Si llevas billete, al subirte tienes que validarlo en unas máquinas amarillas dispuestas para ello.

Los tranvías en fin de semana

Cuidado. En la zona de las afueras, las líneas normales que circulan de lunes a viernes acortan su recorrido y habilitan líneas alternativas que llegan hasta un punto desde el cual se puede tomar la línea normal y llegar al centro. En nuestro caso, que estábamos hospedados en las afueras (en Kabel) y solíamos tomar la línea 13 de tranvía, llegó el sábado y la línea 13, literalmente, desapareció (tachan la línea con una pegatina, me llamó muchísimo la atención porque eso lo tienen que hacer en cada parada durante la madrugada del viernes al sábado… eso aquí, con tal de reducir puestos de trabajo, es impensable un cargo de esas características). Sólo estaban habilitadas la 70 y 71, que sólo llegaban hasta Dworcowa (una parada más). Desde Dworcowa había autobuses que llegaban hasta el centro, pero es bueno saber esto para salir con tiempo en caso de tener algún compromiso ese día.

Mapa de tranvías

Mapa de autobuses

Después de realizar todas estas gestiones y de familiarizarnos con estos asuntos, a nuestra llegada a Cracovia, una agencia de viajes llamada See Krakow nos ofreció realizar las excursiones a Auschwitz y a las Minas de sal de Wieliczka por 99 Zl y 110 Zl cada uno (25€ y 28€ respectivamente, y eso ya con el descuento de estudiante). Eso suponía un gasto más de 100€, y teniendo en cuenta que nosotros viajábamos con un presupuesto de 200€ para 11 días, era imposible abordar esas excursiones. No obstante, en un plano que encontré perdido en un banco de la estación, descubrimos que había otras empresas que ofrecían esas mismas excursiones. Al llegar por fin al hotel, que disponía de ordenadores públicos, investigamos y descubrimos que Cracow Tours ofrecía esas mismas excursiones casi a mitad de precio: Auschwitz por 60 Zl (15€) y las minas de sal de Wieliczka por 65 Zl (16,5€). Ese gasto sí que podíamos abordarlo, así que decidimos contratar esas excursiones. Ese día ya no podíamos porque era tarde, así que el resto de la tarde en el hotel lo ocupamos para mirar por Internet sitios que visitar de Cracovia así como para comprar pan en una gasolinera cercana.

Vista de una central nuclear desde nuestro barrio, donde estaba nuestro hotel.

13 de agosto de 2010. Segundo día en Cracovia. Ya más familiarizados con el entorno y con la ciudad tras el errático día anterior, nos disponíamos a contratar esas excursiones. El problema estaba en que, al encontrarlo de una forma extraña, tuvimos que ir directamente a la sede de Cracow Tours (para quien le interese, en la calle Krupnicza 3). Esa sede está en un edificio normal, con un portal normal y sin ningún cartel externo que lo identifique como Cracow Tours. Si tienes que terminar reservando las excursiones allí, no te preocupes, no hace falta llamar a ningún timbre: la puerta, aunque parezca cerrada, está abierta. Dentro hay un portero, quien amablemente te dirá que Cracow Tours está en el primer piso a la derecha. Ya allí, y atendidos por una chica que hablaba español y era muy simpática, conseguimos nuestros pases a las dos excursiones por 250 Zl (65€, frente a los 104€ que nos pedía See Krakow). Para esa misma tarde teníamos la excursión a las minas de sal de Wieliczka y, para la tarde del día siguiente, la excursión a Auschwitz.

Durante esa mañana, antes de tener que ir al pick-up point de la excursión (en el Hotel Cracovia), fuimos a ver la plaza principal (Rynek Glowny) y el Colegio Maius, que estaba cerca de allí. Curiosamente, pillamos fiestas tradicionales y descubrimos el lado más folclórico de la ciudad, con puestos de enormes hogazas de pan, cervezas caseras, matanza cracovense y cantos y bailes típicos. Muy bonito de ver, sobre todo para introducirse más en la cultura de Cracovia. Una cosa que nos llamó la atención fue la belleza de las polacas; es difícil encontrar chicas así en Madrid ;-).

En la Rynek Glowny.

En el mercadillo interno de la Rynek Glowny.

Festival tradicional que nos encontramos de casualidad.

Colegio Maius.

Callejeando por la zona de la Rynek Glowny.

Murales.

Abuelitos polacos vestidos de forma tradicional.

Józef Pilsudski, un héroe para los polacos ya que les salvó de la dominación rusa.

Estatuas.

Bonito edificio.

Minas de sal de Wieliczka

Varias vueltas y varias fotos más tarde, sin quererlo nos dieron las 14:30 y teníamos que ir pensando en ir hacia el Hotel Cracovia, ya que la hora de recogida era a las 15:15. Fuimos hacia la calle Lubicz, una calle donde para el tranvía número 15, que nos llevaría hasta el Hotel Cracovia. Sin embargo, descubrimos que esa línea, en realidad, no pasaba por ahí. Pasó un tranvía de la línea 1 y, gracias al ímpetu de mi chico junto a unas abuelitas que estaban sentadas y decían en voz alta “Hotel Cracovia! Hotel Cracovia!” mientras señalaban al tranvía, llegamos al famoso Hotel Cracovia a las 14:50. Montamos en el autocar y tras las típicas comprobaciones, descubrimos que somos los únicos españoles junto con una madre catalana que iba junto a sus dos hijas. Unas risas más tarde por algo extraño que la guía le llamó a mi novio , llegamos a Wielizcka. Ya allí, tuvimos que esperar un rato hasta poder entrar con un guía que hablara español. Como con Cracow Tours éramos tan pocos, nos acabaron uniendo con otro grupo de españoles que visitaban las minas por libre. Allí conocimos a Miguel, otro viajero que llevaba ya un mes explorando Polonia. Las minas de sal son realmente un tesoro escondido bajo tierra. La atmósfera y las grandes esculturas hechas con sal son dignas de ver. Allí todo es de sal, menos algunas cosas de madera y el propio tendido eléctrico, obviamente. De hecho, si chupas la pared, efectivamente, es de sal. Durante nuestro recorrido, un hombre de nuestro grupo se perdió. Fue trágico y divertido a la vez escuchar por la megafonía de la mina a una de las guías con acento polaco “Francisco Martínez, acuda a recepción, su familia le espera“. Pobre Francisco, ¿llegaría a recepción al final? La excursión duró 2 horas andando, pero merece la pena sin ninguna duda.

Entrada a las minas de sal.

Bajada de 54 pisos.

Cartel de bienvenida.

Estatua de Copérnico, hecha de sal.

Estatua de Juan Pablo II hecha de sal.

Pasadizos para pasar de una cámara a otra.

Maquinaria del elevador.

Suplemento para fotos y vídeo en la minas de sal

Si se quiere entrar a las minas con cámara de fotos o de vídeo, hay que pagar un suplemento de 10 Zl en la taquilla. Por ese dinero, te dan una pegatina y en los pasos de control de la mina si te ven con él, no te dicen nada. No obstante, decir que esos pasos de control son muy laxos si se va con un grupo y los revisores ni tan siquiera se levantan de la silla. Yo recomiendo no comprarlo y, si te pillan, puedes pagarlo en el momento sin ningún tipo de recargo.

En el autocar de regreso, nos quedamos dormidos. Al llegar de nuevo a Cracovia, decidimos probar unos lazos que deben ser muy típicos allí: en cada esquina suele haber un pequeño puesto de color azul donde venden lazos de pan. Me lo imaginaba con sabor dulce, como si fuera una masa de bollo, pero no: básicamente, era pan con anís en forma de lazo. Qué decepción. Paseamos un poco por la zona y tomamos nuevamente más fotos. Ya de noche y de regreso al hotel, los tranvías cogen una velocidad de vértigo; de hecho, te tienes que agarrar bien a los asideros si no quieres acabar rodando por el vagón. Mañana nos esperaría Auschwitz y terminar de ver Cracovia. Ya nos habíamos habituado a Cracovia, y llegó un punto en el que nos sentíamos, plenamente, como en casa.

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One Response to Crónica de un viaje: explorando Polonia – Parte II: Cracovia y Minas de Wieliczka.

  1. Antonio P. says:

    Estoy bastante de acuerdo con todo, incluido en lo de colarse en los tranvías, sin embargo vengo de la comisaría de aquí de Cracovia porque me acaban de pillar. Los revisores van en grupos de 4 o 5 por vagón, separados y vestidos de paisano, por lo que es prácticamente imposible detectarlos hasta que se ponen la identificación, momento en el que ya es tarde para escapar porque es cuando empiezan a pedir los tickets uno por uno (que además hay que validarlos, no solo comprarlos). Como no teníamos dinero encima suficiente para pagarlos, y de los tres que íbamos solo uno tenía documentación, nos han retenido en la comisaría a los otros dos hasta que el tercero ha ido al hotel a por los documentos y el dinero. La multa han sido 123zl (unos 25€) y hay que pagarla in situ. La moraleja es que para lo que cuesta el tranvía, que es casi simbólico, más vale pagarlo. Saludos desde Cracovia!

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