Crónica de un viaje: explorando Polonia – Parte III: Auschwitz.

Esta crónica es un resumen del cuaderno de viaje redactado por mi chico y yo. También añado información que pueda ser de utilidad para futuros viajeros.

Auschwitz

14 de agosto de 2010, 6 de la mañana. Uff, qué daño ese madrugón, pero teníamos que estar a las 9:30 en el Hotel Cracovia para coger el autocar e ir hacia Auschwitz. Al final, entre aseo y comida del buffet (y digo comida bien dicho, en vez de desayuno… porque comiendo muy fuerte nos ahorrábamos una comida al día y, por tanto, nos ahorrábamos dinero) salimos del hotel a las 8:15. Como comenté en el post anterior, las líneas de los tranvías cambian en fin de semana; nosotros lo descubrimos en ese momento. Nerviosos y temerosos de perder la excursión al desaparecer la línea 13 que solíamos coger, tomamos el tranvía de la línea 70 hasta Dworcowa, luego el bus 750 que nos dejaba en la plaza de Bohaterów Getta. Allí, a las 8:55 y con el corazón en la garganta porque aún estábamos muy lejos, pasó el tranvía número 9 que nos llevaría a nuestro destino en 9 paradas. Gritando y dando golpes al tranvía, como si se tratara de un caballo, llegamos finalmente al Hotel Cracovia a las 9:20: justo a tiempo y de milagro. En el Hotel Cracovia estaría nuestro guía, Konrad, quien empezó a realizar el recuento de los allí presentes. A las 9:30 partimos hacia Auschwitz. El trayecto duró una hora, tiempo en el que nos pusieron un documental sobre el Holocausto. Sin embargo, el madrugón y la relajación posterior a esa hora de tensión, nos jugó una mala pasada y dábamos cabezazos.

Alrededor de las 10:30 llegamos a la ciudad de Auschwitz (Auschwitz es en alemán, en polaco se llama Oświęcim). Auschwitz tiene 3 campos de concentración: Auschwitz I, Auschwitz-Birkenau (o Auschwitz II, al lado del pueblo de Birkenau, en polaco Brzezinka) y Auschwitz-Monowitz (o Auschwitz III, al lado del pueblo de Monowitz, en polaco Monowice, y donde estuvo prisionero Primo Levi). El más grande de todos ellos fue Auschwitz-Birkenau, que tiene una extensión de 2,5×2 km. Auschwitz I lo han reconvertido en museo, donde los barracones de ladrillo ahora son monográficos sobre el exterminio, las condiciones de vida o los prisioneros que fueron encerrados allí. Nosotros al llegar, nos llevaron a Auschwitz I, es decir, al museo. Allí, nos dotaron de unos cascos junto con una radio para poder escuchar mejor a nuestro guía. Cuando entras a la zona del museo, lo que más te impacta es el cartel de “bienvenida”: “Arbeit macht frei” (El trabajo hace libre, en español), junto con una barra que pone “Halt” (Alto).

"Arbeit macht frei" es decir "el trabajo hace libre".

Como ya he comentado en alguna ocasión, nunca me hubiera imaginado Auschwitz así. Me lo imaginaba triste, oscuro, gris… sin embargo, era un lugar bonito, pintoresco, con sus “casitas” rojas y el césped verde brotando por todas partes. Parecía mentira que allí muriera gente en unas condiciones infrahumanas. Era una sensación muy amarga, ver esa bonita estampa junto a alambres de espino.

Los barracones de Auschwitz I.

Pero el momento que más me impactó durante esos primeros minutos fue al entrar en el primer barracón donde había un monográfico sobre las condiciones de vida. Lo que me estremeció no fue ver cómo vivían, porque eso lo han representado ya muchas películas sobre el Holocausto. Lo que más me emocionó fue ver, en el pasillo central, fotografías de prisioneros, ataviados con su ropa de prisionero y donde tenían su número de identificación. Esos ojos, esas miradas absolutamente descompuestas. Era como ver personas a las que se les había despojado todo aquello que les hacía humanas. Me impactó muchísimo y no podía dejar de mirar esas fotografías, esos ojos llenos de pánico y vacíos de vida. Junto a esas fotografías, ponían sus nombres (en su mayoría polacos), la fecha de entrada al campo y la de defunción. No duraban apenas meses y, quienes más, duraban menos de un año. Tras este golpe al corazón, pasamos a otros barracones, donde nos explicaron cómo era la burocracia, cómo llevaban a los prisioneros al campo, cómo acumulaban pelo, maletas, gafas, ropa, zapatos, etc. de los prisioneros, entre otros datos históricos relevantes.

Documentos de la burocracia de Auschwitz.

Datos sobre personas asesinadas en Auschwitz.

Esquema de Auschwitz I y II, donde estuvimos nosotros (a la derecha del mapa quedaría Auschwitz III).

Botes vacíos de ciclón B.

Monturas de gafas. Los miopes como yo lo tendríamos difícil para sobrevivir allí.

Maletas de los prisioneros.

Montañas y montañas de zapatos de los prisioneros.

Tras un largo camino por los barracones, donde anduvimos tratando de reconstruir la historia gracias a los apuntes que iba dando nuestro guía, pasamos a uno de los puntos más complicados de la visita de Auschwitz I: la cámara de gas. A escasos 200 metros vivía un alto dirigente de las SS, que decidió trasladarse a vivir al lado del crematorio con sus 5 hijos. Fetichismos inexplicables y aberrantes. El crematorio es indescriptible y la entrada a él fue agobiante: todos los allí presentes intentando hacer cola para entrar; hace 70 años, de tener que hacer una cola, sería para salir huyendo de allí. Paradójico. Mi novio tuvo la necesidad de volver a entrar cuando todos ya habíamos salido y se quedó allí un rato rindiendo unos minutos de silencio en memoria de las víctimas.

Chimenea del crematorio.

Interior de la cámara de gas.

Los hornos.

Cartel donde se pide respeto dentro del crematorio.

Después de la visita al museo de Auschwitz, y tras dejar nuestros cascos y nuestras radios, fuimos al autocar, para ver Auschwitz II, o Auschwitz-Birkenau. Creo que nunca olvidaré el primer momento en que vi, a lo lejos, el campo. Era horriblemente enorme. Y lo que más me impactó: lo único que separaba el campo de la calle era un único alambre de espino. Se me pusieron los pelos de punta y una sensación de ahogo me atrapó. Parecía hasta fácil salir de allí, a simple vista, y desde fuera se podía ver absolutamente todo lo que acontecía en su interior. Nos llevaron a varios barracones y, según entras, lo que más llama la atención es su olor. Era un olor extraño y muy desagradable. Nos enseñaron las letrinas, las literas, y me imaginé viviendo allí en esas mismas condiciones, con 100 gramos de pan al día y realizando trabajos de fuerza. Qué horror, no hay palabra en el mundo para describirlo.

Auschwitz-Birkenau.

Vida y muerte.

Dentro de los barracones.

Letrinas.

Literas.

Extensión de un barracón.

Entrada a Auschwitz-Birkenau.

Lo que separa la libertad de la muerte.

Enmudecidos, volvemos al autocar. Muchos pensamientos, muchas emociones nos recorrían por la mente y por el cuerpo. Auschwitz es algo que hay que ver con los propios ojos, porque por mucho que te digan, lo realmente impactante es verlo en vivo y en directo. Pienso que es una de esas visitas obligadas que hay que hacer antes de morir. Es una lección de historia y de psicología muy poderosa que todo el mundo debería poder vivir al menos una vez en su vida. Me quedo con una frase que leí en uno de los barracones del museo y que pretende dar colofón final a esa visita a Auschwitz.

"Aquel que no recuerda la historia, está obligado a vivirla de nuevo".

Fotografías en los barracones del museo Auschwitz

Técnicamente, no se puede sacar fotos ni grabar vídeo dentro del museo de Auschwitz, pero lo que también es cierto es que no hay control alguno. Los guías no te lo prohibirán, aunque te digan que no se puede. Todo el mundo saca fotos sin problemas, así que a darle al on y que esto se difunda, aunque realmente lo conveniente es verlo en persona.

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3 Responses to Crónica de un viaje: explorando Polonia – Parte III: Auschwitz.

  1. Death Master says:

    Impresionante. Yo también creo que es un sitio a visitar, y quiero hacerlo en un futuro próximo.

    • Shaulah says:

      Estoy convencida de que te gustará; es simplemente brutal. Además, Cracovia engaña, parece “ah, Cracovia, bueno sí..” pero luego tiene su encanto ;-). Yo te lo recomiendo indudablemente!

  2. Pingback: La memoria de lo irreparable. «

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