Llamadas con alto grado de estupidez.

Este puente está resultando ser bastante aburrido. Entre un catarro que por fin empieza a remitir (seguramente por culpa de hacer el imbécil el jueves en Cuatro Caminos con todo el frío que hacía… mea culpa) y que el día 10 tengo una reunión de la investigación, pues me he tirado estos días en cama con la inestimable compañía de varios libros y artículos sobre violencia grupal juvenil. ¿La parte buena? que me he empapado bien del tema y ya empiezo a plantearme algunos objetivos para la investigación (algún día hablaré sobre el tema en cuestión). ¿La parte mala? que no soporto estar encerrada en casa 24 horas, me duelen los huesos y necesito como quien necesita respirar salir de estas cuatro paredes ya. Porque esto de estar todo el día encerrado sin contacto humano facilita sobremanera rallarse muchísimo con todo…

Hoy me llamó un teleoperador. Generalmente ignoro esta clase de llamadas, porque me conozco y al final acabo metiéndome en un marrón por no saber cortar a tiempo. Pero la llamada fue al fijo y como andamos pendiente de una llamada, pues cogí el teléfono. Me pregunta cómo me llamo. Y aquí empieza mi eterno ritual de presentación. Porque, para quien no lo sepa, tener un nombre raro, atípico, tiene más desventajas que ventajas. ¿La ventaja? que poca gente te olvida y te confunde de nombre. ¿La desventaja? la cantidad de explicaciones que tienes que dar sobre cómo se escribe tu nombre. He visto escrito mi nombre de mil formas: Neli, Nely, Nelli, Neali, Nealy… (sin incluir errores completos, como el último que me puso un chavalín de la asociación a la que estoy yendo para el prácticum: Nuki… me dieron ganas de decir “guau” y de mover mi rabo virtual).

A causa de esta desventaja, generalmente, cuando alguien me pide el nombre y lo tiene que escribir en algún sitio, mi presentación es: “Me llamo Nelly, dos ‘eles’ e ‘y griega‘”. Los apellidos son fáciles y comunes, así que sin problemas. Generalmente, con esa frase todo el mundo escribe correctamente mi nombre y no hay mayor problema. ¿Pero qué pasó hoy? Ante la pregunta de “¿con quién hablo?” yo, en todo mi estupor catarril sumado a la intensa paliza de lectura que me estoy pegando, respondo, innecesariamente al ser una conversación: “Me llamo Nelly, dos ‘eles’ e ‘y griega‘”. El teleoperador se queda descolocado y me dice: “¿Perdón? ¿Puede repetir?“. Y yo, sin darme cuenta aún de la chorrada: “Claro, sin problemas, Nelly, dos ‘eles’ e ‘y griega'” *haciendo especial hincapié en las letras*. A lo que el buen hombre (un poco vacilillas) me responde: “¿dos ‘eles’ e ‘y griega’ es apellido compuesto o separado?.

En momentos así desearía llamarme Eva, Ana, María… pero bueno, es lo que hay xD.

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2 Responses to Llamadas con alto grado de estupidez.

  1. Psycoloca says:

    Al próximo no le digas nada o diles que tus papás no están en casa… 😉

    ¡Mejórate del catarro!

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