Gratamente sorprendida.

El 26 por la noche volví a Madrid para un breve regreso (el día 30 me vuelvo a ir) que al final está resultando ser un completo asco, porque no he podido hacer nada de lo que quería. Como breve resumen, el 25 me levanté, cual niño que corre hacia el árbol de Navidad para abrir sus regalos que el bueno de Papá de Noel se ha currado por la noche, pero mi destino no era el árbol, sino otro muy distinto: el baño. Me levanté con los síntomas típicos de una intoxicación alimentaria: diarrea y vómitos.

Todo parecía apuntar a unas gambas que comí el día anterior en un restaurante. No me supieron demasiado malas en el momento; no eran las mejores gambas del mundo, pero se podían comer, vaya. Pasé un día de Navidad en la cama, con calambres, escalofríos, dolores salvajes en las articulaciones y estómago, fiebre y, por supuesto, más vómitos y diarrea. He podido comprobar en mis propias carnes los principios más básicos del condicionamiento clásico, porque ahora es evocar el olor o sabor de una gamba y me dan náuseas.

Llegó el 26 y me sentía fuerte después de haber pasado uno de los días más angustiosos que recuerdo. Ese día tenía que viajar y fue en el tren cuando empecé a encontrarme cada vez peor. Pero no fue hasta que llegué a mi casa cuando todo mi típico proceso de negación del problema basado en enunciados del tipo “no, si esto no es nada, con calor y reposo se pasa” se derrumbó cuando me vi en la obligación de tener que ir a urgencias. Pánico.

Sí, pánico. Odio los hospitales y todo lo que esté relacionado con ese mundo. Pero quizá lo que más pánico me generaba era el hospital que me corresponde por zona: el Clínico. Del Clínico no tengo más que malos recuerdos. Como pequeño botón de muestra, sin entrar en otras historias, la última vez que fui por un espasmos muy fuertes que tenía en las manos a causa de una época en la que abusaba del café y estaba con muchísimo estrés, me dijeron que a lo mejor tenía esclerosis y tenían que ingresarme para hacerme una punción lumbar; no me hice la prueba, decidí pedir una segunda opinión y todo el problema era el café, así que lo dejé, me tomé la vida con más calma y adiós espasmos. Pero, ¿y todo el impacto psicológico que me supuso, con 19 años que tenía, que a lo mejor tenía esclerosis qué?  Así que para verme en la necesidad de ir a ese sitio, me tengo que ver francamente mal, porque su mera presencia ya me genera ansiedad. No obstante, el 26 por la noche estaba en un estado en el que ya me podían hacer un trasplante de médula a cuchillo y tenedor que me daba lo mismo.

Para quien haya estado en las urgencias del Clínico, sabrá que antes el procedimiento (para quien llega por sus propios medios) era: ibas a admisión y le contabas lo que te pasaba al administrativo de turno. Esperabas en una sala gigante hasta que alguien te llamara por megafonía. Te atendía un médico o enfermero en “el otro lado” y te volvía a hacer esperar fuera. En la sala de espera siempre había rencillas por quién había entrado antes o después, sin tener en cuenta la gravedad de la enfermedad del paciente. A lo mejor te llamaban pasada una hora, te hacían pasar “al otro lado” y allí quedabas absorbido durante un tiempo indeterminado en un pasillo sin saber qué te iban a hacer, qué te pasaba, ni nada. Todo era un proceso muy opaco de cara al paciente y familiares, y las suspicacias siempre estaban servidas.

Sin embargo, todo ese proceso oscurantista ha cambiado para mi asombro. Ahora pasas por admisión y acto seguido te envían a una sala de clasificación (sí, una sala, no en la esquina de un pasillo de “el otro lado” con una sábana estirada como me lo han hecho a mí años ha) donde hacen el triaje. De ahí, te envían a una determinada unidad (no a la macro sala de fiestas, bodas y bautizos que era antes la sala de espera); en mi caso me mandaron a la unidad de primera asistencia. Allí estuve esperando y me atendió una médico. Volví a esperar y me atendió un enfermero. Analítica, vía con suero y medicamentos y a la unidad de observación, que es como una sala pequeña con camas donde esperas para ver cómo vas evolucionando con la medicación y ver si te tienen que ingresar o no. Me tiré en la unidad de observación como unas 2 horas y respondí bien al suero y a la medicación, así que a casita. Entré por la puerta de urgencias alrededor de la 1:30 y salí de allí como a las 4:15.

Quizá esto sea una excepción, pero la verdad es que me ha sorprendido mucho cómo ha mejorado el servicio de urgencias, y sobre todo me ha sorprendido el buen trato, sobre todo de los enfermeros y auxiliares que me atendieron. Quizá todo haya sido un cúmulo de casualidades, pero sí tengo que decir que, al menos esa noche, el Clínico dejó de darme tanto pánico; ahora, sólo queda recuperarme y que todo esto quede como una experiencia más ;-).

Anuncios

6 Responses to Gratamente sorprendida.

  1. Psycoloca says:

    Me alegra saber que estás mejor muchacha, recupérate que te quedas hecha polvo, sé de lo que hablo por desgracia… 😦

    Y ya has podido comprobar que las intoxicaciones alimentarias condicionan a la primera y de manera MUY potente!! Ja ja, de todo se aprende. Creo que alguien va a pasar de las gambas durante muucho tiempo… 🙂
    Yo estuve sin comer salchichas años…

    ¡Un besote!

    • Shaulah says:

      Muchas gracias Lauraaa!! la verdad es que es pensar en una gamba y dios…. qué asco me dan!! espero no generalizarlo al resto de crustáceos… en cuanto pueda volver a comer, a recuperarlo todo, que estoy perdiendo peso a la velocidad del rayo 😦

      Un besote y espero que lo estéis pasando genial por Dublín!! 🙂

  2. Ramiro says:

    Supongo que te lo habrá contado mi hermano, pero yo estuve muuuuuchos años sin comer calamares por una de ésas. De pequeño, estuve como dos semanas como comentas, sin mejorar, y con 4 ó 5 visitas a urgencias en las que no me daban solución.

    He tenido otras dos “muy chungas”, pero como ésa, ninguna. Era ver calamares y notar el estómago revuelto, cual perro de Pavlov.

    • Shaulah says:

      Ostras Ramiro, lo de las urgencias no me lo comentó… vaya tela :-S si es que hay que andarse con un ojo con los bichos del mar que para qué… malditos todos ellos!

      Un besote y espero que te estés manejando guay con el pequeñín! ^^ luego querremos un reportaje fotográfico como siempre, eh? que no conozco Dublín! 🙂

  3. Pingback: ¡A estrenar el AVE Madrid-Valencia! «

  4. Pingback: Moviendo al coleguito. «

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: