Manifestación 19-J: cosas que no pueden esperar.

Hay cosas que pueden esperar, pero hay otras que sólo se dan una vez en la vida. Y una de esas cosas únicas es la manifestación que hemos vivido hoy en Madrid, al igual que en otros puntos de España. Tras recorrer más de 5 kilómetros desde mi barrio hasta la plaza de Neptuno, con ilusión y esperanza por que esta obscena situación social que estamos viviendo cambie, vuelvo muy orgullosa de tod@s l@s que hemos estado allí aguantando el sol y el calor unidos por una causa, con independencia de adherencias partidistas y de ideologías políticas. Y vuelvo con la firme creencia que, después de lo que he vivido hoy, este movimiento ya no hay quien lo frene. Ni siquiera los medios de comunicación que traten de deslegitimarlo podrán, porque el poder de Internet y de los ciudadanos es inmenso; igual de inmenso como la fuerza de convocatoria que ha tenido hoy esta marcha por la recuperación de nuestra dignidad y por la lucha contra quienes pretenden arrebatárnola a través de medidas de dudosa responsabilidad social.

Hoy ha quedado patente que no somos “un grupo de jóvenes indignados”, somos un pueblo compuesto por personas de todas las edades que estamos hart@s de seguir siendo l@s grandes perdedores de esta crisis. En esta España aún tristemente quebrada por la dicotomía de bandos, nunca pensé que podría ver las semillas de la construcción del sentimiento de “pueblo”. Hoy me he acordado de cuando estuve en Berlín y veía esa frase que se paseaba por los rincones de la ciudad: “Wir sind ein Volk” (nosotros somos un pueblo). En su momento no imaginaba que algún día pudiese sentir esa unión como la que sienten los berlineses, hasta hoy, cuando en Oporto nos hemos juntado las columnas que venían de Aluche y Carabanchel; cuando en la Puerta de Toledo nos hemos unido con la columna del Templo de Debod; cuando en Atocha nos vemos juntado los de Getafe y Vallecas; y cuando en la plaza de Neptuno nos hemos unido todas las columnas que hemos recorrido las calles de Madrid desde distintos puntos. Cuando percibes que formas parte de un todo, cuando se te eriza el vello al ver que cada gota de esperanza contribuye a crear un oceáno pacífico, cuando sientes que tu futuro puede volver a estar en tus manos y no en la de otros que quieren volver a colocarte las cuerdas en tus brazos, en tus piernas, en tu conciencia como ciudadano, es cuando sabes que esto no hay quien lo frene.

En Oporto.

Los distintos barrios del distrito de Latina, de camino a Marqués de Vadillo.

De Marqués de Vadillo a Puerta de Toledo.

Dejando atrás la Puerta de Toledo y de camino a Embajadores.

Ya en Atocha (pensaba que no llegaba por la suma del calor que hacía y mi tensión baja...)

Plaza de Neptuno frente al Congreso de los Diputados.

Y, ahora, ¡a volver a mi vida de ermitaña hasta nuevo aviso!

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