Y tras el 22-M, ¿qué?: algunas claves para el cambio social desde la Psicología Social y Comunitaria.

¿Cómo emprender el camino hacia el cambio social?

Estoy siguiendo con mucha expectación lo que está sucediendo esta semana a tenor de lo que algunos medios han denominado como “movimiento 15-M“. Como cuasi-psicóloga, especializada en Psicología Social y Comunitaria, lo que está sucediendo en estos días seguro que dará para muchas futuras tesis doctorales en temas de procesos de cambio social desde una perspectiva psicosocial. Así pues, me gustaría compartir algunos aspectos relativos a lo que significa e implica el cambio social, así como los mecanismos para lograrlo. Una exposición muy breve.

Por un lado, ante la lógica pregunta de cómo ocurre un cambio social, hay que tener muy presente que debemos desechar toda noción de transformación súbita y nunca descartar o subestimar cualquier forma de expresión de cambio, por pequeña que ésta sea. Así pues, aunque muchos medios están intentando deslegitimar el movimiento generado tras el 15 de Mayo, en realidad, se trata de un gran paso, dado que ha abierto una brecha en la aparente tranquilidad política que parecía imperar meses atrás. Las grandes transformaciones sociales no surgen de un día para otro, sino que son precedidas de múltiples acciones aparentemente inconsecuentes. En este sentido, el hecho de que quizás en el 22-M no se dé ningún vuelco electoral o que no se vea una consecuencia clara de este movimiento, no implica que el movimiento haya fracasado. Hay que andar muy cautos con las más que probables críticas que puedan surgir para deslegitimar al movimiento y que lo único que tratan de conseguir es seguir legitimando al statu quo. El cambio social es lento y estamos en un estadio aún muy temprano, en mi opinión.

Por otro lado, resaltaría el hecho del paso de la minoría a la mayoría para tener una mayor fuerza ciudadana que nos aproxime más hacia el cambio, dado que aún hay mucha gente que, aunque está afectada por la situación política, económica y financiera que sufre este país, sigue manteniendo muy viva su identidad dicotómica partidista que logra enmascarar esos derechos vulnerados: el poder de la identidad social es, en situaciones como la que estamos viviendo, impresionante, y con ella juegan muy bien los políticos. Este no será un trabajo fácil y, de emprenderlo, requerirá tiempo. Para el ejercicio de la catálisis social, entendida como la acción transformadora con un fin liberador y autónomo para la población participante que aún está sumergida en una visión identitaria partidista de la realidad social, serán necesarios facilitadores del cambio social; personas con un rol transformador, que recojan las opiniones de quienes disienten con el cambio y, a través del ejercicio crítico, mostrar nuevas formas de comprender los hechos sociales y, así, ampliar el abanico de posibilidades de comprensión. De estos temas nos ha aportado mucho la Teoría Crítica, así como autores latinoamericanos como Freire y su Pedagogía del Oprimido, y Martín Baró con su Psicología de la Liberación. Ahora bien, estos facilitadores del cambio social deben tener en cuenta que no deberán caer en ninguna de estas figuras (tomado de Martín, 1998):

  • Activista“: colaborador/a de la comunidad sin reflexión teórica ni precisión metodológica, cuya labor está marcada por la inmediatez y la ausencia de planificación.
  • Especialista“: quien mantiene una separación con respecto de la comunidad; actitud fundamentada en el hecho de considerarse el único poseedor del conocimiento y, por tanto, la única persona capaz de decidir acerca de qué hacer y cómo hacerlo.
  • Pueblo“: quien cae en la ilusión de que la única verdad reside en la gente de la comunidad, mientras que de hecho se impone una concepción teórica según la cual la comprensión de la realidad está determinada a priori y en función de ella se realiza toda interpretación y se formulan todas las respuestas.
  • Concientizador/a“: quien asume un papel de iluminador, salvador de gentes apáticas y alienadas, a las cuales aspira a movilizar, manteniendo al mismo tiempo el control externo de las mismas.

En este sentido, debe quedar muy claro que la catálisis social no implica imposición de ideas (esa asimilación no razonada de los conceptos establecidos por los grupos de poder), sino la promoción de formas alternativas de comprensión de los fenómenos sociales que tenemos que ver día tras día, a través de estrategias que fomenten la problematización/desnaturalización, la deconstrucción y, por supuesto, estrategias de empoderamiento que rompan con una visión fatalista de la realidad en la que las personas perciben que no pueden cambiar su entorno político. El objetivo sería lograr pasar de una “identidad de partido” a una “identidad de ciudadano/a; identidad más amplia que permite comprender los hechos sociales y vivir las injusticias sociales desde el rol de ciudadano que sufre las consecuencias de actos políticos y financieros abusivos, y no desde el rol de votante que debe defender a su partido y criticar a quien se opone a él.

En resumen, las claves para el cambio social se centran en saber que la transformación no se dará de un día para otro, así como que la forma de lograr aglutinar una mayor fuerza ciudadana implicará el ejercicio de la catálisis social siempre desde una visión constructivista y nunca desde la imposición de ideas.

Referencias:
– Martín, A. (1998). Psicología comunitaria: fundamentos y aplicaciones. Madrid: Síntesis.
– Martín-Baró, I. (1998). Psicología de la Liberación. Madrid: Trotta.
– Freire, P. (1974). Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI.
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El bostezo, ¿relacionado con el estrés y/o la ansiedad?

El bostezo, como muchos hemos podido experimentar, suele ser un signo de aburrimiento o de sueño. Sin embargo, desde hace unos días, me he planteado si el bostezo pudiese ser un mecanismo de reducción del estrés o si se trata de un signo de ansiedad. Me lo planteo en forma de pregunta porque no he encontrado datos concluyentes; tendré que seguir investigando a ver si encuentro algo. ¿Por qué me hago esta pregunta? Por un caso personal: tras algunos incidentes críticos de alto impacto emocional que he visto en las guardias de mis prácticas (accidente de tráfico, amortiguación emocional tras un fallecimiento repentino o en una parada cardiorrespiratoria), notaba que empezaba a bostezar muchísimo y con mucha frecuencia. Al principio pensé que era simplemente cansancio, pero al ser algo tan contingente, empecé a pensar que quizás no era casualidad.

Si hay algo que tengo muy claro a estas alturas es que para intervenir a nivel psicológico, el primero que tiene que estar en condiciones es uno mismo. En este ámbito es muy fácil mezclar lo personal con lo profesional, y eso te puede hacer mucho daño, así que hay que monitorizarse muchísimo y tener plena conciencia de qué te está pasando por dentro. Yo, como novata, pues he cometido algunos errores típicos: identificarse con la víctima (el típico “podría ser yo/mi padre/mi madre/mi abuela/mi novio/etc.” cosa que se nota cuando empiezas a notar “la lagrimilla”); negar las emociones (con el típico “estoy bien, no me pasa nada“); o despersonalizar a la persona que tienes delante para no sentir su dolor (con la consecuente pérdida de autenticidad en el discurso). Es muy complicado ajustarse adecuadamente para manejar bien la fina línea que separa el “me estoy sobreimplicando” del “no me implico para no sufrir“, pero en esas estoy, y en una de las intervenciones, donde creía que había logrado controlar las emociones (empezó a aparecer “la lagrimilla” que decía antes), en vez de integrar esas emociones para volver al “aquí y ahora” y hacer ese ejercicio de la “vara hueca“, entré en negación: “venga, no pasa nada“. Activé el piloto automático, hasta que llegué al siguiente aviso y empecé a bostezar y a bostezar sin parar (cosa que me dio bastante vergüenza, por otra parte). Esto mismo noté en anteriores guardias y con el mismo patrón de activación, así que por eso empiezo a pensar que no es casual y que el bostezo es, o bien, un mecanismo de reducción del estrés, o bien, un signo de ansiedad. Sólo meras hipótesis.

Creatividad: el arte de hacer extraordinario lo ordinario.

Pinturita súper chula de Escher, o cómo salirse del patrón cambiando la perspectiva.

Hoy en mi rutina semanal de los jueves y viernes tarde, momentos en los que voy al curso que estoy haciendo sobre intervención en crisis, he tenido una de esas clases que rompen con lo tradicional. Por una serie de cambios en la programación, nuestra original clase sobre planes de actuación NRBQ (Nuclear, Radiológico, Biológico y Químico), se ha visto sustituida por una de esas clases que, personalmente, me encantan. Las personas que más me han enseñado han sido aquéllas que, lejos de presentaciones Power Point de 150 diapositivas y presentaciones de currículum de 5 minutos, nos han traído su vida con un fin pedagógico. Ese es el caso del profesor que he tenido hoy, un tipo que ha sabido hacerse su hueco en un ámbito que, de primeras, cualquiera diría que no pinta nada. Pero ahí está, con un don de gentes increíble y una maña magnífica para vender lo que parece que nadie compraría. Admiro mucho a ese gente que ha sabido hacer de sus vidas algo tan único y valioso que llaman la atención por ser absolutamente distintos del común de los mortales.

Pero bueno, a parte de profesar mi más profunda admiración por este tipo y por otr@s tant@s que tienen este exclusivo y valioso pelaje, hoy ha puesto sobre la mesa un asunto para hacernos reflexionar sobre nuestro futuro laboral: la creatividad. Y es que, para nosotros los psicólogos, el cambio de perspectiva, la búsqueda de oportunidades en un sistema donde impera la constricción de las mismas (sólo hay que atender a las últimas cifras sobre paro juvenil para ver que algo está yendo mal), mirar desde otro ángulo la realidad que nos rodea no es que sea fundamental, es sencillamente vital para encontrar nuestro hueco en el mundo laboral.

En un reportaje que nos ha puesto sobre Dewitt Jones, un fotógrafo de National Geographic, este hombre me ha dado una clave hoy muy interesante acerca de la creatividad y acerca del progreso personal: la necesidad de cambiar los escenarios de ganar-perder en escenarios de ganar-aprender. En esta sociedad, en la que se penaliza tanto los errores, en la que se juzga negativamente a quien se sale del guión de vida considerado normal, en la que el éxito se mide en términos de resultados más que en términos de proceso, la frustración, la infelicidad y el perfeccionismo irracional se convierten en el pan de cada día. Convertir los errores en oportunidades de aprendizaje más que en momentos de fustigación, es lo que distingue a quien simplemente vive para acumular metas de quien vive amando lo que hace para ser feliz durante el proceso. Ese dicho de “La búsqueda de la felicidad” es tremendamente demoledor, porque no deja de transmitir la errónea idea de que, para ser feliz, necesitas haber conseguido una serie de logros previamente. Dewitt Jones muestra muy bien cómo los errores no existen, que para ser feliz no hace falta pasar por un proceso previo, sino que cada paso hay vivirlo con pasión teniendo claro que el error, más que un error, es una nueva oportunidad para acercarse a aquéllo que logra hacer extraordinario lo que resulta ordinario. Y ahí está la creatividad y ser creativo, un proceso muy vinculado al de ser emprendedor y al de la búsqueda y el encuentro de nuestro hueco en el mundo profesional.

No he conseguido el vídeo que nos ha puesto en clase sobre Dewitt Jones, pero sí he encontrado una conferencia en la que expresa con preciosas fotografías esta idea. Si bien la creatividad es lograr cambiar la perspectiva de visión sobre nuestra realidad diaria para implementar nuevas formas de funcionamiento, el modo de lograr ser creativo también pasa por modificar esa filosofía del logro y del fracaso que impera en estos tiempos. Ese cambio seguro que nos dará mayor tranquilidad, mayor rango de respuestas posibles a un problema y, sobre todo, mayor felicidad para poder llegar a amar, cada minuto, cada fracción de segundo, aquéllo que hacemos y que nos reporta un sentido para nuestras vidas. Para Dewitt Jones es la fotografía, y sólo hay que ver sus trabajos para comprobar que este hombre realmente ama lo que hace; ojalá much@s de nosotr@ consigamos amar lo que hacemos para sacar, a nuestra forma, extraordinarias instantáneas de la realidad sobre la que nos toca trabajar. Y una última idea que me ha encantado:

“Una visión sin técnica es ciega. La clave para la creatividad está en la visión, la pasión, la técnica y la perseverancia”.

Análisis cualitativo en Psicología: el inicio de la desesperación (I).

Sinceramente, no me extraña que en ciencias sociales (y en particular, en psicología) exista una preferencia por generar y analizar datos cuantitativos. Los datos numéricos ni tienen codecs incompatibles con el software de análisis ni te tocan las narices (en exceso) cuando tienes que probar fiabilidad y validez. En general, el análisis cualitativo es demasiado costoso, muy largo en el tiempo y, entre nosotros, muy muy muy pesado. Ahora bien, también es cierto que es un camino poco explorado (al menos en España, basándome en la bibliografía tan birriosa que he encontrado en mi lengua materna). La inmensa mayoría de la información que merece la pena está en la lengua de Shakespeare y se dispone de un software de análisis con limitaciones, lo cual no ayuda nada de nada a meterse en este berengenal.

Voy a ir haciendo una especie de crónica-guía sobre este camino espinoso que es el análisis de datos cualitativos (fotos, audio y vídeo en especial) a partir de lo que he ido aprendiendo a base de tirarme de los pelos y de muchos dolores de cabeza. Espero que le pueda ayudar a alguien que por más que busca no consigue encontrar nada y/o le pasan cosas que en los libros no te advierten xD. Especemos.

¿Por dónde empezar?

No comentaré lo que implica la investigación cualitativa en ciencias sociales, porque eso está muy bien explicado en los libros. Pero sí diré que cuando dicen que no es un proceso lineal, sino que es un proceso iterativo, nunca imaginé la literalidad de esa afirmación. Porque sí, porque cuando crees que lo tienes todo para empezar a transcribir una entrevista, resulta que el codec del vídeo no es compatible con el software de análisis, y tienes que volver a la fase de comprobación del material. Vamos, que cuando no es un pito, es una flauta, y al final lo de que es un proceso iterativo hay que tomárselo en serio y con mucha calma si no quieres sufrir una crisis de ansiedad a la mínima que las cosas no vayan bien. Si no tienes una alta tolerancia a la frustración, tranquil@, que lo acabarás desarrollando.

Una vez te has preparado psicológicamente a que esto no va a ser un camino de rosas, conviene tener presente otro aspecto: si no dispones de una buena herramienta para organizar, ordenar, editar y analizar los datos, búscala. Si manejas una importante cantidad de datos, además de ser bastante dispares entre sí, es importante que dispongas de herramientas efectivas para esos fines que cito. En mi caso, manejo datos fotográficos y audiovisuales, pero imagina que además de eso tienes que manejar texto, audio sin vídeo o datos geográficos. Voy a citar cuatro herramientas de software para estos menesteres:

  • Avidemux (edición vídeo): es un editor de vídeo y te permitirá hacer conversiones para que tu material pueda ser analizado por el software de análisis que utilices. Asegúrate pues, con qué tipo de extensiones es compatible el software de análisis. Por ejemplo, Atlas ti no admite .mov; así que si tienes la mala suerte de tener todo el material en .mov (como yo xDDD) te tocará convertirlo todo a otro formato admitido (con la pérdida de tiempo y paciencia que eso supone, pero bueno, recuerda que esto es es así). Es preferible perder todo un día convirtiendo vídeos a darte cuenta de esto cuando dices: “venga, al lío, voy a empezar a codificar“.
  • Audacity (edición audio): software de edición de audio. ¿Tienes un audio que no se entiende nada de nada? A lo mejor podrías entenderlo mejor si le quitases el sonido de fondo. Pues para esas cosillas puedes utilizar esta aplicación. Ahora bien, no esperes milagros, porque de donde no hay datos, no se pueden inventar nuevos. Como se dice popularmente: “de donde no hay, no se pué sacar ná de ná“.
  • Transana (organización y análisis vídeo): software de análisis cualitativo para datos audiovisuales; y cuando digo audiovisuales, es estrictamente audiovisual, así que si tienes que analizar fotos, te tocará usar otro software. Yo al principio hice un poco el animal y me empeñé en meter fotos porque claro, él te deja y no te avisa que meter fotos no es compatible, pero luego te invade a errores hasta que hace crash en un momento inesperado. No me gusta nada esta aplicación, da muchos fallos raros (pero ya con vídeos, que con las fotos ya sabemos qué pasa xD) y el soporte es un auténtico asco. No obstante, es útil para hacer transcripciones libres (en posts posteriores explicaré esto), por lo que tendremos que utilizarlo si tenemos vídeos y queremos hacer análisis puramente descriptivos.
  • Atlas ti (organización y análisis de todo tipo de datos) : software de análisis cualitativo para datos de todo tipo: texto, fotos, vídeo, audio, datos geográficos, etc. Esta aplicación es soberbia, una maravilla. Entonces, si esta aplicación abarca el resto de datos que el Transana no abarca, ¿por qué no pasar del Transana? Ya lo había pensado, pero como decía antes, el Transana es muy útil para hacer transcripciones libres en análisis descriptivo, mientras que el Atlas ti está más encorsetado para la codificación y, por tanto, para un análisis más específico (análisis semiótico, análisis del discurso, análisis retórico, análisis de la conversación, etc.). Dicho de otra forma, el Transana nos sería más útil para una primera fase descriptiva de “a ver qué es lo que tengo” mientras que el Atlas ti es más útil para una segunda fase en la que la pregunta sería “cómo encaja este material con la teoría que manejo“. El Atlas ti permite también un poco de análisis estadístico (estadística descriptiva muy básica, ninguna virguería tipo SPSS).

A parte del software que ayuda mucho para organizar, editar y analizar los datos, también es importante disponer de un dispositivo de almacenamiento, tipo disco duro portátil. Es muy importante tener un buen orden en el disco para encontrar los materiales de forma rápida y efectiva. Así que ya sabes, a hacer carpetas de carpetas de carpetas… 😉

¿Dónde consigo esas aplicaciones?

A este respecto es medianamente sencillo de conseguir, salvo en el caso de Transana y Atlas ti:

  • Audacity.
  • Avidemux.
  • Transana: software de pago, así que o te lo facilita la institución en la que estés, o te tocará buscarte las mañas en los terrenos del P2P.
  • Atlas ti: mismo problemilla que en Transana.

Consejillos

Así pues, antes de meterse en harina, lo más importante es que tengas el material ordenado y que tengas localizadas e instaladas las herramientas que te permitirán realizar la organización, la edición y el análisis de los datos. En el siguiente post relacionado con este asunto comentaré cómo editar los datos que sean incompatibles con el software de análisis (Transana y Atlas ti) y ya una vez hablado de ello, me meteré en el núcleo duro: cómo analizar los datos sin morir en el intento, primero aprender a hacer un análisis descriptivo, y después realizar análisis más específicos con miras a la contrastación de hipótesis y todo ese terreno turbio (pero bonito, porque es cuando todo esto empieza a cobrar sentido xD). También comentaré cómo se comprueba la fiabilidad y la validez en datos cualitativos, porque sí, hay que hacerlo, ¡los datos cuali no son menos! xD.

Para el siguiente post sobre el tema de la edición de datos, te recomiendo que realices una selección de música machacona y que prepares ingentes cantidades de líquido: te harán mucha falta, porque es un proceso un poco alienante, pero bueno, es lo que toca ;-). ¡Ah! y esto es común a todo el proceso: si te sientes hasta las narices y que no puedes trabajar más, no actives el “modo cabezón” (con todo mi cariño hacia los macrocefálicos de espíritu) basado en “lo termino por narices hoy“: para, toma el aire, bébete un batido de fresa-plátano o lee un capítulo de un libro que te guste. Asume cuanto antes que habrá cosas que no podrás terminar ni en un día, ni en dos, ni en quince; mientras antes lo asumas, menos frustración te generará ver que en dos semanas, a lo mejor, todo lo que has hecho es organizar y editar el material. Si estás cansado, el riesgo de encadenar errores es mucho mayor, y la rabia que da cuando descubres en el archivo 35 que has empezado a fallar a partir del archivo 10 es inhumana, muy frustrante y los deseos de comer humanos es directamente proporcional al número de archivos que has fallado. Así que, ante la fatiga, lo mejor es parar, de verdad 😉

El arte de hacer críticas (y encima, quedar bien).

Haciendo un poco balance del blog, he descubierto que tengo poquísimos posts de lo que más tiempo dedico al día: la psicología. Así pues, me pongo manos a la obra para nutrir un poco ese apartado. Estos posts sobre psicología hay que cogerlos con pinzas: esto no pretende ser un curso express de “hágase psicólogo en 4 horas”, sino simplemente unos consejos que están fundamentados por un marco teórico y conceptual; vamos, que no son consejos provenientes “de la práctica“, o “de los años“, o “de lo que la vida me ha enseñado“. Dejando eso claro, al lío.

Hoy voy a hablar sobre un problema muy típico: cómo hacer una crítica. Seguro que más de una vez hemos querido decir algo que nos molestaba a alguien, desde cosas tan peregrinas como que nos desagrada su aliento, a cosas más complejas como puede ser decirle a alguien que deje de hacernos bromas pesadas y/o de mal gusto delante de unos amigos o familiares.

En primer lugar, algo que hay que tener siempre muy presente es nuestro estilo de comunicación ante aquellas situaciones que nos descolocan; es decir, ¿cómo verbalizo una situación que me genera malestar? Por regla general, el común de los mortales nos ubicamos en alguno de estos polos:

  • Estilo pasivo: Es aquel estilo caracterizado por no expresar lo que se siente o se piensa. Se tiende a priorizar el valor de la relación interpersonal antes que las propias necesidades. Se tiende a dar muchos rodeos cuando se quiere pedir algo. En definitiva, es un estilo que no se caracteriza por ser directo, claro y honesto, sino por todo lo contrario. De alguna forma, el estilo sumiso mantiene los conflictos, ya que al no expresar las necesidades, desde fuera parece que no ocurre nada y que todo está bien. Como ejemplo, inventemos a Pepe y a María. Recientemente, en una reunión con la familia de Pepe, María hizo una broma que le sentó mal a Pepe y con la que, desde su punto de vista, se sintió humillado delante de su familia (aunque su familia rió la gracia). Sin embargo, Pepe no ha comentado nada a María por miedo a que se enfade con él, aunque no ha tardado en estar cada vez más callado, cosa que María ha notado, llegándole a preguntar: “¿estás bien? te noto raro estos días” a lo que él le decía un constante “no, no, tranquila, estoy bien“.
  • Estilo agresivo: Es aquel estilo en el que se priorizan las necesidades personales antes que la relación interpersonal. Se tiende a la imposición de los propios criterios y hay tendencia a culpar a los demás de todos los males. No se suele tener en cuenta que las palabras pueden herir a los demás. Por regla general, este estilo inicia los conflictos. Como ejemplo, volvamos a la situación del caso anterior, salvo que, en vez de ser Pepe y María, ahora son Antonio y Ana. Cuando Ana hace la broma, Antonio no se calla y delante de toda su familia, le dice: “¿Perdona? ¿Pero tú quién te has creido que eres? Imbécil… mira, ¿eh? como me vuelvas a soltar otra así… vamos, vete a reirte de otro, idiota, me vuelves a decir esto y es que flipas…“. Bueno, he sido muy políticamente correcta con el diálogo.

¿Te ubicas en alguno de estos estilos? Hay que decir que no son estilos puros y suele ser bastante típico tener un estilo pasivo-agresivo, que es cuando tragamos durante mucho tiempo una situación que nos incomoda hasta que no podemos más y soltamos nuestro malestar de una forma agresiva.

Bueno, pues ahora viene la mala noticia: si bien estos estilos de comunicación son muy típicos y naturales (y en algunos contextos pueden llegar a ser hasta adaptativos) no nos van a ayudar mucho a la hora de hacer una crítica a alguien. El pasivo porque no podría hacerla, y el agresivo porque corre el riesgo de cargarse la relación o de deteriorarla. Para ello, debemos tener en cuenta un tercer estilo comunicativo que cogería las cosas buenas de ambos estilos: y ese no es más que el estilo asertivo.

La asertividad es un estilo de comunicación del que se habla mucho y sobre el que gira mucho marketing.Aprenda a ser más asertivo en 2 horas“, “El manual definitivo de la asertividad“, “Aprenda a ser asertivo mientras duerme“, etc. Son exageraciones personales, pero no deja de tener algo de razón. Hay que decir que ser asertivo es difícil porque es un tanto antinatural. Cuando alguien nos hace una crítica, generalmente la percibimos como una amenaza y, ante las amenazas, actuamos para protegernos. A nadie le gusta que le digan que le huele el aliento o que hace bromas pesadas. Las críticas pueden entrar en conflicto con nuestro autoconcepto, suponiendo una potencial brecha para nuestra identidad. Y de igual forma, cuando hacemos una crítica, tenemos que tener presente que el mismo proceso que nos sucede a nosotros, la persona a la que hagamos la crítica, pasará por lo mismo, de ahí la importancia de saber decir una crítica desde un punto de vista asertivo. En este aspecto (y para otros tantos) es muy importante conocerse muy bien (fortalezas, debilidades y límites) de cara a recibir críticas y adquirir la habilidad de ponernos constantemente en el punto de vista del otro sin perder nuestra propia vivencia de los hechos. Sin eso, ya podemos hacer mil talleres de asertividad que, ante cualquier situación, nos saldrá el “venazo”. Recuerda: igual de importante es mantener el bienestar de una relación interpersonal como lo es la defensa de nuestras necesidades, y ahí el estilo asertivo nos ayudará mucho.

Pero, ¿cómo hacer una crítica desde un estilo asertivo? Pues a eso voy, después de contar todo esto (pero que lo consideraba importante, vaya). Vamos a suponer que le quiero decir a una amiga que me molesta mucho su mal aliento (problema típico donde los haya pero que todos callamos; si somos capaces de decir esto, creo que seremos capaces de hacer cualquier tipo de crítica). Vamos allá.

  1. Describir la situación: Lo primero de todo es ubicar un poco a la persona. Una fórmula del estilo: “te tengo que contar algo que es incómodo para mí y te lo digo desde la confianza que tenemos tú y yo” podría ser un ejemplo. En esa fórmula expresamos nuestros sentimientos y a la vez enfatizamos la relación que nos une con la persona. En todo el proceso de decir la crítica es importante enfocar la comunicación desde el “yo” y el “nosotros”, pero nunca desde el “tú”. Ahora veremos a qué me refiero.
  2. Expresar sentimientos: Como comentaba, toda la comunicación tiene que ir guiada desde el “yo” y el “nosotros”, desde el “yo me siento…”, el “yo pienso…“, el “nuestra relación…“, “nuestra comunicación…“, pero jamás de los jamases desde el “es que tú…“. Los mensajes “yo” y “nosotros” dan sentido de honestidad, confianza y pertenencia; los “mensajes tú” enjuician y hacen sentirse cuestionada la persona que los recibe. Una forma poco adaptativa de decir las cosas sería: “es que te huele mal el aliento; lo que tendrías que hacer es ir al médico o comprarte unos chicles. A mi madre le pasaba lo mismo y le fueron bien unas infusiones, si quieres te digo cuáles son“. Desde los mensajes “yo” y nosotros” podría ser algo así como: “desde hace un tiempo me siento un poco incómoda con tu aliento cuando hablamos juntas“. Claro, sin rodeos y apelando a nuestros sentimientos y a nuestra relación.
  3. Empatizar: Acto seguido, es importante empatizar con la otra persona, porque pensemos que en ese momento en que hemos dicho la crítica, puede sentir bastante vergüenza. “Me imagino que esto que te comento te puede hacer sentir mal, pero te lo comento desde la confianza que nos une y con el objetivo de sentirnos bien cuando estemos juntas, ya que disfruto mucho de tu compañía“. Es importante amortiguar el impacto desde los sentimientos que nos pueden unir a esa persona.
  4. Pedir cambios: Tras haber manifestado nuestra situación, nuestros sentimientos y después de haber arropado a la persona desde la empatía, es importante dar la opción a elegir el cambio: “¿cómo te ha llegado lo que te he comentado? ¿cómo crees que podríamos cambiar esta situación?“. Los mensajes del tipo: “tú lo que tendrías que hacer es…“, “no te sientas así…” o “no pienses eso y piensa mejor que…” jamás de los jamases: nunca se le tiene que decir a la gente cómo se tiene que sentir, qué es lo que tiene que pensar y qué es lo que tiene que hacer. JAMÁS. Ya puedes ser el mismísimo Dios en la tierra que, ni tan siquiera con esas, tendrías la potestad de dar esa clase de órdenes a la gente.
  5. Ofrecer alternativas: Si a la persona no se le ocurre nada, podemos ofrecer nosotros alguna idea: “se me ocurre que quizá sería buena idea consultar con un profesional… ¿cómo lo ves?“. En ese ofrecimiento de alternativas, es muy importante siempre contar con el punto de vista del otro, preguntándole cómo lo ve, qué piensa, cómo se siente con esa decisión y cómo lo va a hacer.

En cualquier acto comunicativo, es muy importante siempre tratar de ser lo más honesto y coherente posible. Al actuar de esta forma, estamos dando control a los demás sobre nuestros actos, percibiéndonos como personas cercanas y de confianza. Si tras toda la comunicación de la crítica la persona nos ha llegado a agradecer el hecho de decirle la situación que estaba sucediendo, hemos conseguido el objetivo principal del estilo asertivo: manifestar nuestras necesidades manteniendo nuestras relaciones interpersonales a salvo. Aprender a hacer críticas lleva tiempo y no siempre sale bien a la primera; pero como todo en esta vida, es práctica, práctica y más práctica. Espero que la próxima crítica que quieras hacer a alguien salga bien :).

Artículo interesante sobre gestión de proyectos.

Tras un mes intenso de lectura sobre violencia grupal juvenil (el tema general de mi tesina; el particular aún lo estoy hilando) hablando con mi tutora de cara a la defensa de la tesina me comentó que intentara abandonar el modelo de presentación de “papel y canutillo” para generar otro un poco más dinámico y no tan lineal. A mí me pareció genial la idea, porque me ha tocado leer una tesis doctoral entera y creo que he tenido serias tentaciones de iniciar actos autolíticos; no por los contenidos, ojo, sino por la densidad y exposición de los temas.

Así pues, en mi momento de reflexión de Cercanías Cantoblanco-Atocha, se me ocurrió generar algo parecido a un sistema wiki, de tal modo que siempre, ante cualquier concepto, dato, autor o material multimedia, se pueda interconectar la información y así quede un sistema dinámico, pero haciéndolo de tal modo que exista una cierta linealidad en los argumentos y en la exposición de la temática. Con esa idea en la cabeza, me puse a investigar y di con un artículo que me ha abierto todo un campo sobre este tema y que ojalá le pueda servir a alguien de cara a organizar una tesina o tesis (o un proyecto de investigación con varios grupos, que es hacia lo que está más enfocado este artículo) utilizando la informática. La verdad es que no conocía el campo de la gestión de proyectos (en mi primitiva mente pensaba que era algo así como métodos de búsqueda de financiación), pero me va a ser muy útil.

De momento es una idea, ya iré viendo cómo hacerla realidad y así abandonar el modelo de “papel y canutillo” de verdad (porque sí, porque es un rollo y un asco) ;-).

Artículo: Software libre para la gestión de proyectos de investigación.

Primer día de prácticum: ¡Nelly a las fieras!

Hoy ha sido mi primer dia de prácticum (una asignatura de quinto de carrera; en mi caso, una asignatura de 21 créditos). Como en cualquier ámbito, el primer día es complicado y, en esta ocasión, no ha sido para menos. Estoy en una asociación que trabaja con niños y adolescentes en riesgo de exclusión social en el distrito centro, por la zona de Malasaña. En mi caso particular, estoy con niños de 9 y 10 años. No tengo experiencia trabajando con niños de esas edades, así que era todo un mundo nuevo por descubrir. Y así ha sido. Aunque ha sido tremendamente estresante y en momentos me he sentido totalmente desbordada (niño 1: “¡Nelly, mira!“. Niño 2: “¡Nelly, mira esto!“. Niño n: “¡Nelly, mira esto otro!“. Pensamiento de Nelly: “¡¡¡ARGH, SOCORRO!!!“) la verdad es que al final me he sentido más o menos cómoda y tengo más o menos perfilado a cada uno de ellos. Me esperaba un entorno muchísimo más hostil, pero en absoluto. Son niños que necesitan mucho (muchísimo) cariño y atención, así que lo demandan por doquier; algunos de una manera más disruptiva, y otros de una manera más tranquila.

Ha habido momentos muy tiernos con ellos y otros en los que me he sentido rara, como cuando he tenido que hacer un castigo a un niño con unas galletas xD. También ha habido momentos graciosos, como cuando he descubierto que tenía dos gemelos y al principio pensaba que era uno solo y no conseguía entender cómo iba tan rápido de un sitio a otro (hasta que luego los he visto a los dos juntos xD), o como cuando una niña me ha preguntado si estaba haciendo bien una división con decimales y yo no me acordaba de cómo se hacían divisiones con decimales xD (y que ahora no me venga el típico palizas diciendo: “es que los de letras…“) ¡pero ahí el método inductivo es fantástico y me ha salvado de más de un apuro! (gracias a mi profesor de Psicología Comunitaria por esas clases… cuánto me he acordado hoy de esas dinámicas grupales en las que se tiraba de método inductivo a tope…). Luego han hecho una dinámica sobre valores y me ha resultado muy tierno verles dar su opinión sobre temas como la amistad y las primeras impresiones. Tan acostumbrada al mundo adulto (no tengo contacto con niños) volver a ese mundo infantil me ha parecido genial y he disfrutado mucho escuchándoles.

Ha sido un día interesante y bonito; aunque, eso sí, agotador. Veamos cómo se desarrolla la semana que viene, ahora que ya sé en qué terreno me muevo :).

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