Una española en Białystok (I) – El inicio del no saber.

No sé por dónde empezar. No sé qué eventos seleccionar para comenzar a escribir acerca de mi estancia en Białystok. Durante un mes he sentido una invasión de pensamientos y sentimientos que me han paralizado y me han impedido poner en orden todos los estímulos que no paraban de introducirse en mi cabeza. Nuevo idioma, nueva gente, nuevo sistema, nueva cultura. En definitiva, una nueva vida.

Porque sí, mi primer mes en Białystok ha sido como un renacer. En Madrid dejé todo lo que me hace tomar conciencia de que soy alguien: mis estudios, mi trabajo, mis relaciones sociales, mi idioma, mi cultura. El momento en que dejé atrás mi vida y me encontré sola conmigo misma en la sala de embarque del aeropuerto de Barajas fue la oportunidad que me hizo vivir ese renacer: no paraba de llorar, tenía miedo, me sentía desprotegida, vulnerable; me sentía como un bebé que necesita de su madre para poder sobrevivir. Pero la diferencia es que, para mí, había llegado el momento de crecer únicamente con mi propio calor, con mi propio apoyo y con mi propio amor. No nos enseñan a convivir con nosotros mismos y es igual de importante aprender a vivir solos como aprender a convivir con los demás. Con 24 años aún no había aprendido a estar conmigo misma, a aguantar mis pensamientos y sentimientos, a soportar la soledad.

Sigo sin saber cómo continuar este artículo, porque así ha sido mi primer mes aquí: un no saber, un vivir en la completa desorientación. “Nie rozumiem po polsku” (no entiendo polaco) era mi frase favorita, y la que mejor describía mi estado. Nuevas amistades, nuevos rincones, nuevos diálogos. Nuevas situaciones que a veces no entiendo y quiero comprender. Nuevas experiencias que llegan como un huracán y revolucionan todo lo que había aprendido; como un terremoto que rompe los andamios sobre los que había construido mis marcos de referencia. El caos, el no poder pensar, el no poder poner en orden todos esos pensamientos en ebullición, el no poder procesar todos esos sentimientos que a veces consiguen alejarme de quien creía ser.

Pero, poco a poco, tras la tempestad, llega la calma y el entendimiento. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar“, decía Machado. No sabía cómo comenzar este artículo pero ya sé cómo terminarlo porque he empezado a andar. Ya he empezado a poner en orden mi nueva vida y estoy empezando a saborearla, porque la única forma de llegar a disfrutar de algo, es cuando uno logra pasar del no saber, al conocer.

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