12M15M, la lucha sigue.

Haber estado un año viviendo en el extranjero me ha hecho desvincularme bastante de los avances que se han ido realizando desde las distintas plataformas cívicas que buscaban un cambio social. No obstante, no he estado al margen de algunos de los sucesos más indignantes que han ocurrido durante estos meses en España, y eso sí que ha seguido alimentando mi inconformismo con este panorama en el que nos encontramos a día de hoy. Una de las sensaciones más desagradables que he sentido al llegar a Madrid ha sido esa atmósfera de desesperanza. El año pasado terminé mis estudios en Psicología, igual que otros amigos míos que han terminado sus estudios en otras ramas del conocimiento. El sentimiento compartido es la desilusión, la incertidumbre hacia el futuro, así como las bajas expectativas de encontrar un trabajo acorde al nivel de estudios; es más, las bajas expectativas de encontrar, simplemente, un trabajo. En este sentido, he podido observar algunos de los síntomas del fatalismo, uno de los síntomas más perniciosos de una sociedad, especialmente si se quiere impulsar el cambio social, pero uno de los efectos que más favorece al statu quo.

Asumir un discurso fatalista implica la pérdida de la proyección hacia el futuro al considerar que lo que está sucediendo no tiene cambio, que no se puede hacer nada por cambiar el sistema, teniendo como consecuencia la focalización en el presente: un presente que sólo brinda desesperanza y resignación. Gran parte de las bases de esta forma de afrontamiento la ocupa un sistema configurado falsamente democrático, así como el discurso neoliberal que vierte sobre la responsabilidad individual tanto el éxito como el fracaso, obviando y olvidando variables y factores de carácter sistémico. No obstante, no deja de ser fascinante cómo la defensa de determinados partidos políticos muchas veces no se rige por criterios de objetividad, sino por criterios más vinculados con la identidad social, y eso es algo que saben manejar muy bien los políticos.

Bajo esta lógica en la que nos encontramos, donde se socializan las pérdidas y se privatizan las ganancias, las personas de la calle tenemos todas las de perder, como de hecho ya estamos comprobando día a día en la prensa, donde algún titular hablando sobre nuevos recortes se ha convertido en lo habitual. Tenemos que recuperar la confianza, pero no en el gobierno, no en los mercados, no en estas instituciones sociales que poco o nada les preocupan los ciudadanos; tenemos que recuperar la confianza en nosotros mismos, en la fuerza y en el poder que tenemos quienes vivimos en este país. La Constitución dice -aunque a día de hoy suene a chiste- en su primer artículo:

Artículo 1 – Constitución Española de 1978

1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

3. La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria.

Hay mecanismos para cambiar la situación: nosotros mismos somos el motor más importante de cambio. El día en que muchos dejen de pensar que el cambio no es más que una utopía y se desembracen de ese discurso fatalista, entonces será cuando la transformación sea posible. Para todos aquellos que creéis en el cambio, mañana nos reuniremos en Puerta del Sol otra vez, para mostrar nuestro inconformismo, para mostrar que no todos quienes habitamos en este país somos corderitos mansos que obedecen ciegamente las actuaciones de quienes están en el poder.

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Manifestación 19-J: cosas que no pueden esperar.

Hay cosas que pueden esperar, pero hay otras que sólo se dan una vez en la vida. Y una de esas cosas únicas es la manifestación que hemos vivido hoy en Madrid, al igual que en otros puntos de España. Tras recorrer más de 5 kilómetros desde mi barrio hasta la plaza de Neptuno, con ilusión y esperanza por que esta obscena situación social que estamos viviendo cambie, vuelvo muy orgullosa de tod@s l@s que hemos estado allí aguantando el sol y el calor unidos por una causa, con independencia de adherencias partidistas y de ideologías políticas. Y vuelvo con la firme creencia que, después de lo que he vivido hoy, este movimiento ya no hay quien lo frene. Ni siquiera los medios de comunicación que traten de deslegitimarlo podrán, porque el poder de Internet y de los ciudadanos es inmenso; igual de inmenso como la fuerza de convocatoria que ha tenido hoy esta marcha por la recuperación de nuestra dignidad y por la lucha contra quienes pretenden arrebatárnola a través de medidas de dudosa responsabilidad social.

Hoy ha quedado patente que no somos “un grupo de jóvenes indignados”, somos un pueblo compuesto por personas de todas las edades que estamos hart@s de seguir siendo l@s grandes perdedores de esta crisis. En esta España aún tristemente quebrada por la dicotomía de bandos, nunca pensé que podría ver las semillas de la construcción del sentimiento de “pueblo”. Hoy me he acordado de cuando estuve en Berlín y veía esa frase que se paseaba por los rincones de la ciudad: “Wir sind ein Volk” (nosotros somos un pueblo). En su momento no imaginaba que algún día pudiese sentir esa unión como la que sienten los berlineses, hasta hoy, cuando en Oporto nos hemos juntado las columnas que venían de Aluche y Carabanchel; cuando en la Puerta de Toledo nos hemos unido con la columna del Templo de Debod; cuando en Atocha nos vemos juntado los de Getafe y Vallecas; y cuando en la plaza de Neptuno nos hemos unido todas las columnas que hemos recorrido las calles de Madrid desde distintos puntos. Cuando percibes que formas parte de un todo, cuando se te eriza el vello al ver que cada gota de esperanza contribuye a crear un oceáno pacífico, cuando sientes que tu futuro puede volver a estar en tus manos y no en la de otros que quieren volver a colocarte las cuerdas en tus brazos, en tus piernas, en tu conciencia como ciudadano, es cuando sabes que esto no hay quien lo frene.

En Oporto.

Los distintos barrios del distrito de Latina, de camino a Marqués de Vadillo.

De Marqués de Vadillo a Puerta de Toledo.

Dejando atrás la Puerta de Toledo y de camino a Embajadores.

Ya en Atocha (pensaba que no llegaba por la suma del calor que hacía y mi tensión baja...)

Plaza de Neptuno frente al Congreso de los Diputados.

Y, ahora, ¡a volver a mi vida de ermitaña hasta nuevo aviso!

Y tras el 22-M, ¿qué?: algunas claves para el cambio social desde la Psicología Social y Comunitaria.

¿Cómo emprender el camino hacia el cambio social?

Estoy siguiendo con mucha expectación lo que está sucediendo esta semana a tenor de lo que algunos medios han denominado como “movimiento 15-M“. Como cuasi-psicóloga, especializada en Psicología Social y Comunitaria, lo que está sucediendo en estos días seguro que dará para muchas futuras tesis doctorales en temas de procesos de cambio social desde una perspectiva psicosocial. Así pues, me gustaría compartir algunos aspectos relativos a lo que significa e implica el cambio social, así como los mecanismos para lograrlo. Una exposición muy breve.

Por un lado, ante la lógica pregunta de cómo ocurre un cambio social, hay que tener muy presente que debemos desechar toda noción de transformación súbita y nunca descartar o subestimar cualquier forma de expresión de cambio, por pequeña que ésta sea. Así pues, aunque muchos medios están intentando deslegitimar el movimiento generado tras el 15 de Mayo, en realidad, se trata de un gran paso, dado que ha abierto una brecha en la aparente tranquilidad política que parecía imperar meses atrás. Las grandes transformaciones sociales no surgen de un día para otro, sino que son precedidas de múltiples acciones aparentemente inconsecuentes. En este sentido, el hecho de que quizás en el 22-M no se dé ningún vuelco electoral o que no se vea una consecuencia clara de este movimiento, no implica que el movimiento haya fracasado. Hay que andar muy cautos con las más que probables críticas que puedan surgir para deslegitimar al movimiento y que lo único que tratan de conseguir es seguir legitimando al statu quo. El cambio social es lento y estamos en un estadio aún muy temprano, en mi opinión.

Por otro lado, resaltaría el hecho del paso de la minoría a la mayoría para tener una mayor fuerza ciudadana que nos aproxime más hacia el cambio, dado que aún hay mucha gente que, aunque está afectada por la situación política, económica y financiera que sufre este país, sigue manteniendo muy viva su identidad dicotómica partidista que logra enmascarar esos derechos vulnerados: el poder de la identidad social es, en situaciones como la que estamos viviendo, impresionante, y con ella juegan muy bien los políticos. Este no será un trabajo fácil y, de emprenderlo, requerirá tiempo. Para el ejercicio de la catálisis social, entendida como la acción transformadora con un fin liberador y autónomo para la población participante que aún está sumergida en una visión identitaria partidista de la realidad social, serán necesarios facilitadores del cambio social; personas con un rol transformador, que recojan las opiniones de quienes disienten con el cambio y, a través del ejercicio crítico, mostrar nuevas formas de comprender los hechos sociales y, así, ampliar el abanico de posibilidades de comprensión. De estos temas nos ha aportado mucho la Teoría Crítica, así como autores latinoamericanos como Freire y su Pedagogía del Oprimido, y Martín Baró con su Psicología de la Liberación. Ahora bien, estos facilitadores del cambio social deben tener en cuenta que no deberán caer en ninguna de estas figuras (tomado de Martín, 1998):

  • Activista“: colaborador/a de la comunidad sin reflexión teórica ni precisión metodológica, cuya labor está marcada por la inmediatez y la ausencia de planificación.
  • Especialista“: quien mantiene una separación con respecto de la comunidad; actitud fundamentada en el hecho de considerarse el único poseedor del conocimiento y, por tanto, la única persona capaz de decidir acerca de qué hacer y cómo hacerlo.
  • Pueblo“: quien cae en la ilusión de que la única verdad reside en la gente de la comunidad, mientras que de hecho se impone una concepción teórica según la cual la comprensión de la realidad está determinada a priori y en función de ella se realiza toda interpretación y se formulan todas las respuestas.
  • Concientizador/a“: quien asume un papel de iluminador, salvador de gentes apáticas y alienadas, a las cuales aspira a movilizar, manteniendo al mismo tiempo el control externo de las mismas.

En este sentido, debe quedar muy claro que la catálisis social no implica imposición de ideas (esa asimilación no razonada de los conceptos establecidos por los grupos de poder), sino la promoción de formas alternativas de comprensión de los fenómenos sociales que tenemos que ver día tras día, a través de estrategias que fomenten la problematización/desnaturalización, la deconstrucción y, por supuesto, estrategias de empoderamiento que rompan con una visión fatalista de la realidad en la que las personas perciben que no pueden cambiar su entorno político. El objetivo sería lograr pasar de una “identidad de partido” a una “identidad de ciudadano/a; identidad más amplia que permite comprender los hechos sociales y vivir las injusticias sociales desde el rol de ciudadano que sufre las consecuencias de actos políticos y financieros abusivos, y no desde el rol de votante que debe defender a su partido y criticar a quien se opone a él.

En resumen, las claves para el cambio social se centran en saber que la transformación no se dará de un día para otro, así como que la forma de lograr aglutinar una mayor fuerza ciudadana implicará el ejercicio de la catálisis social siempre desde una visión constructivista y nunca desde la imposición de ideas.

Referencias:
– Martín, A. (1998). Psicología comunitaria: fundamentos y aplicaciones. Madrid: Síntesis.
– Martín-Baró, I. (1998). Psicología de la Liberación. Madrid: Trotta.
– Freire, P. (1974). Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI.

Esto no va con vosotros.

Se empieza a oler cierto nerviosismo. Las firmas para exigir que la Junta Electoral Central revoque su decisión y la prensa salvaje deslegitimadora del movimiento suben como la espuma. Los políticos no paran de hacer esfuerzos por darle un sentido partidista al movimiento 15-M, aún tratándose de un movimiento apartidista y con un objetivo de cambio social. En estos días se han ido escuchando acusaciones de lo más variopintas, desde quienes ahora intentan ser tus amigos del alma, hasta quienes te acusan de terrorista. Con todos mis respetos, pero esto da vergüenza ajena. Da vergüenza ajena que ahora, cuando la gente se ha quitado su abrigo de oveja mansa, aparezcan “amigos” comprensivos que de alguna forma quieren que te vuelvas a refugiar con ese abrigo del que much@s estamos hart@s. Da vergüenza ajena que con tal de desprestigiar a un movimiento que va en contra de los grupos de poder, que se está manifestando de forma pacífica y que busca un cambio en beneficio de toda la ciudadanía, lleguen a equipararte con quienes infunden el terror a base de dividir a la población entre víctimas y victimarios. Da vergüenza ajena leer la prensa diaria partidista y apartidizadora estos días. Esto no va con vosotros, políticos de los partidos mayoritarios que teméis el cambio. Esto es una cosa del pueblo, de la ciudadanía; de esa misma ciudadanía de la que os habéis estado aprovechando y riendo a lo largo de todos estos años. El mensaje es smple: no os queremos más, no creemos en vosotros. Si no queréis entenderlo, es vuestro problema.

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